querido hijo, amado y anhelado.
Llegaste al mundo
no sin antes guerrear,
al tercer mes de embarazo
susto de muerte nos das.
Tras tres meses de reposo
todo se normalizó
seguiste rumbo adelante
sin mirar hacia babor.
Llegó el día al fin de cuentas
puntual como un reloj
todo estaba ya dispuesto
tal como se planeó.
Dolores fuertes de parto
a las diez de la mañana
que van siendo más intensos
a medida que progresa.
Como tú no te encajabas
nos dieron las ocho y media
me abrieron una ventana
para que tú te salieras.
Vana y sutil cicatriz
que en mi abdomen aparece
por darte la vida a ti
todo ello lo merece.
Sigue llenando mi vida
con deseos e ilusión
que yo pondré de mi parte
para amarte, el corazón.
Volarás ya de tu nido
y mi bebé no serás.
¡dulce muñequito nuevo
que de alegría nos das!.
Dedicado a mi hijo Óscar, con todo el profundo amor que me ha inspirado el haber sido madre.
V. Blaya – Agosto 1994.
1 comentario:
nuestra experiencia de padres nos hace más fuertes, distintos, más mágicos
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